jueves, 31 de marzo de 2011

¿Qué es un desastre?

Los medios tienen poder y se saben con él. Esto queda patente en el tratamiento que hacen de los desastres, catástrofes o epidemias en general. Primero se hace un balance de lo que sale rentable. Los muertos que el hambre trae consigo en África son muy superiores a los que dejó el Katrina tras de sí. Pero eso no vende. Queda muy lejos.

Es interesante observar como los medios son capaces de generar estados de ánimo en sus consumidores. Pueden estremecerte con las imágenes del tsunami de Japón o pueden crear alarma y hacer que toda la población mundial corra a vacunarse contra una gripe A de la que hoy no sabemos nada. Pueden cambiar tu dieta, dejarás de comer pollo si hay gripe aviar o cerdo si es porcina, pero tranquilo, solo durante el tiempo que los medios den cobertura al asunto.

El tratamiento de los medios de los desastres sigue el mismo guión que el de cualquier noticia, buscar la imagen más impactante y servírsela en bandeja al espectador. Pero en algo se diferencia del resto, no cumple el requisito de caducidad, de por sí son mucho menos efímeras que cualquier otra noticia y aún hoy no podemos separar la vista del televisor cuando vemos la misma ola llevándose consigo los mismos coches, las mismas casas, eso sí, desde otro ángulo diferente al que nos ofrecieron ayer.

Los medios son capaces de magnificar o de hacer inexistente una realidad, solo porque no hay espacio o tiempo para más. Aún así, sabiéndolo no hacemos por ir más allá.

Lo cierto es, que el verdadero desastre es la cobertura de estos acontecimientos por parte de los medios.