Innumerables han sido las ocasiones en que los integrantes de la izquierda abertzale han querido volver a la política desde su ilegalización. El nuevo intento de acceso a la esfera pública se ha producido a través de Sortu.
Sortu que significa nacer o crecer en euskera, presenta una notable innovación respecto a los partidos creados anteriormente, rechazan la violencia.
Rechazar la violencia es algo que puede asemejarse a condenarla pero que no es igual.
Rechazar significa no aceptar, resistir un cuerpo a otro obligándolo a retroceder en su movimiento. Esta última acepción es un claro paralelismo de lo que Sortu está intentando hacer con ETA, el nuevo partido sería ese cuerpo que resiste obligando al otro a retroceder.
Aun así, Sortu rechaza pero no condena. La condena de la violencia supondría un golpe de efecto, una sentencia tajante de censura a la banda. Algo que no parece factible basándonos en el pasado con que se vincula al partido, un pasado al que no están dispuestos a renunciar.
Para clarificar sus aspiraciones de participación democrática en las Instituciones políticas debería exigírsele un esfuerzo explícito hacia la banda para que abandone, sin ningún tipo de dudas, las armas.