Lo que ocurrió en Palomares (Almería) en 1966, cuando tras el accidente de dos bombarderos estadounidenses, cayeron a tierra las armas nucleares que trasportaban, puede ser entendido por muchos como una tragedia o un terrible infortunio, pero la verdad es que se trata de un auténtico milagro.
Ya que de las cinco bombas termonucleares altamente contaminantes, dos quedaron intactas, otra calló al mar y las dos restantes fueron a parar a las inmediaciones del pueblo.
Al conocer los sucedido, los pilotos que lograron salvarse del impacto se mostraron sorprendidos, ya que la probabilidad de que tales artefactos quedaran intactos ante un incidente de estas características es de una entre un millón.
Los americanos, muy cívicos ellos, aparecieron ataviados con trajes de ciencia ficción para dejar la zona limpia de toda duda y contaminación.
También milagroso o cuanto menos curioso fue ver como desde el Gobierno se intentaba quitar hierro al asunto, sumergiendo al entonces Ministro de Turismo, Manuel Fraga, en las turbulentas aguas del Mediterraneo donde todavía quedaba una bomba por encontrar.
Desde el franquismo se tapó todo, no levantó la voz, presionados por el Gobierno americano, lograron convertir a España, como ya hicieron en Guernika, en un pueblo al que si le pinchas no le duele. Lo de Palomares fue un milagro, sí, pero habernos librado de la herencia de "Paquito" también.
Ya que de las cinco bombas termonucleares altamente contaminantes, dos quedaron intactas, otra calló al mar y las dos restantes fueron a parar a las inmediaciones del pueblo.
Al conocer los sucedido, los pilotos que lograron salvarse del impacto se mostraron sorprendidos, ya que la probabilidad de que tales artefactos quedaran intactos ante un incidente de estas características es de una entre un millón.
Los americanos, muy cívicos ellos, aparecieron ataviados con trajes de ciencia ficción para dejar la zona limpia de toda duda y contaminación.
También milagroso o cuanto menos curioso fue ver como desde el Gobierno se intentaba quitar hierro al asunto, sumergiendo al entonces Ministro de Turismo, Manuel Fraga, en las turbulentas aguas del Mediterraneo donde todavía quedaba una bomba por encontrar.
Desde el franquismo se tapó todo, no levantó la voz, presionados por el Gobierno americano, lograron convertir a España, como ya hicieron en Guernika, en un pueblo al que si le pinchas no le duele. Lo de Palomares fue un milagro, sí, pero habernos librado de la herencia de "Paquito" también.
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